Este blog ha sido ideado para plasmar en palabras los grandes y pequeños acontecimientos que van apareciendo en nuestra vida. Tal vez muchos vayan dirigidos a ti, lector conocido. O tal vez a ti que, aún pensando que me conoces, nunca lo has hecho

domingo, 5 de mayo de 2013

Despertar

Para Silvia con todo mi cariño


          La habitación estaba en ligera penumbra, sólo perturbada por los finos halos de luz que se colaban por los resquicios de la persiana. Tumbado sobre su cama, Mario, balanceaba nerviosamente su pierna derecha. Y en su mano, hacía mecer con gran destreza un yo-yo que todavía conservaba de cuando abandonó la decena, costumbre que tenía ésta, la de jugar con tal juguetito, desde hace años para cuando el aburrimiento o los nervios le vencían. La tarde lluviosa que apenas había comenzado le empezaba a resultar plomiza y la espera agotadora. Apenas iniciado mayo y con tiempo para descansar gracias a un bendito puente que le daba unas pequeñas vacaciones, el protagonista de esta historia, volvía a aquellos acontecimientos que bien pudieron haberle cambiado el transcurrir de su vida hace ya algunos años. Por la radio sonaba: Ain´t that a kick in the head? del magnífico Dean Martin...otra vez no -pensó Mario, otra vez no...hoy no...

Todo empezó hace varios años, cuando Mario, a punto de sobrepasar la veintena no había conocido el enigmático e indescifrable mundo del género femenino. Era un chico terriblemente tímido e introvertido. Esa pequeña e incluso lógica timidez juvenil se empezaba a convertir en un verdadero problema para él y los de su alrededor que no veían manera de sacarle de ese hermetismo crónico. Apenas se divertía fuera de sus cuatro paredes ni disfrutaba de cosas que a los demás sí que les divertía. Se creía un bicho raro por todo ello...pero, es curioso, diréis que una timidez tan enorme se combate con alguien extrovertido y de diversión por bandera ¿no?. Pues no, Lucía no era así. Era igual que Mario, esa misma timidez que bloquea pensamientos e impide disfrutar de cosas tan banales como una conversación junto a alguien querido en la cafetería de la esquina. Al contrario del refrán, dos polos iguales se iban a atraer y comenzarían juntos una aventura apasionante.

Se conocieron de la manera más tonta en una tienda de discos y vinilos de colección de la madrileña calle Barquillo. Mario y Lucía, acudían cada viernes a esta entrañable tienda de barrio con joyas musicales únicas. Con la música alejo la timidez, con la música vuelo, con la música imagino y sueño lo que quisiera ser y hacer -Se decían. Estos pensamientos les unieron, la timidez y su afán por reducirla con la música les unió. Fue entonces como cada viernes acudían sólo para verse pero, no cruzaban palabra alguna, apenas miradas fugaces con temor de ser descubiertos el uno al otro. A veces compraban algún disco que apenas luego escuchaban, otras simplemente revoloteaban de estante en estante. Así, hasta que un día el propietario de la tienda se les acercó y les regaló dos invitaciones para un concierto en una vieja sala de conciertos de la zona centro, era la sala Yo-Yo, el próximo jueves a las diez de la noche. Ellos se miraron y con leves sonrisas se dieron un sí silencioso...el vendedor de discos obró el milagro. Mario no cabía de gozo en sí. Se sentía extraño, aturdido, alegre, con ganas de correr y correr hasta no tener aliento. Para cuando se hubo dado cuenta, Lucía, abandonaba la tienda con la misma sonrisa encantadora que hace unos segundos le había dedicado al bobo embobado.

Tras el concierto, muy poco a poco, Mario y Lucía se fueron conociendo, quedaban cada viernes dándose  una porción de su corazón el uno para el otro. Empezaron a hacer cosas para ellos impensables hace años, ir a conciertos, visitar museos, compartir libros, hablar de música, cine, ¡arte!. Horas y horas, hablaban, reían, se miraban durante minutos sin decirse nada, se amaban en silencio. Era increíble pensaban ellos, no se lo podían creer, estaban disfrutando de la vida y, a la vez, rompiendo barreras para ellos hasta hace poco gruesas, altas e infraqueables.

Al cabo de unos años de haberse conocido Mario era tan feliz que le pidió matrimonio a Lucía, ¡seremos felices para siempre! ¡juntos! ¡te quiero, cariño!. Mario estaba convencido de que quería pasar el resto de su vida con Lucía y que este paso era para él la confirmación extrema de su amor absoluto.
Pero, Lucía, le dijo que no, su explicación era que todavía eran muy jóvenes para tal compromiso que no había que tener prisa en dar tal difícil paso. Lucía estaba en la recta final de sus estudios de Arte y no tenía ninguna prisa por sellar su amor con Mario. ¡Todavía había muchas cosas por vivir!. Nuestro protagonista no encajó bien este golpe y lo empezó a ver como una traición, como si no le quisiera lo suficiente, se empezó a obsesionar con esa idea hasta que un día, en un acto de orgullo absurdo, de confundida hombría, ¡de estupidez varonil! decidió dejar a Lucía...

Tras esto, Mario volvió a las penumbras que por un tiempo vio olvidadas, volvieron los miedos, ¡todo por lo que había luchado por deshacerse volvió!. Todo ello por haber dejado a Lucía. Se arrepintió y al cabo del tiempo quiso volver con ella pero ésta se negó una y otra vez, su chico la había abandonado por una absurda negativa a no casarse con él. Ella lo pasó muy mal e intentó superarlo durante meses en los que no supo nada de Mario, hubiera bastado un perdón a tiempo pero éste la hizo mucho daño, un daño irreparable... Lucía terminó los estudios y conoció a otro chico con el que era muy feliz de nuevo. Era demasiado tarde, ya no quería a Mario.

Al pasar los años, Mario recuerda con cariño y amargura su intensa relación con Lucía, lo que fue, lo que pudo haber sido y lo que finalmente no fue. Ha aprendido del pasado, de lo absurdo que es querer correr antes de tiempo y de destrozar una felicidad que paladeaba con los labios...De vez en cuando le llega que Lucía es inmensamente feliz y por supuesto, Mario se alegra de ello como si esa felicidad fuera suya.

Ain´t that a kick in the head? de Dean Martin... su traducción al español viene a decir: ¿no es el amor una patada en la cabeza?...sonaban los últimos acordes de trompeta cuando el zumbido de la alarma sobresaltó a un Mario absorto en estos pensamientos, eran más de las ocho y media ¡oh Dios mío, voy a llegar tarde! -dijo.
Había dejado de llover, el repiqueteo de la lluvia había cesado. Mario subió la persiana y vío como se abría un claro en el horizonte, el ocaso se acercaba y con él un nuevo final de día. Abrió la ventana y dejó que entrara una brisa fresca que le agitó suavemente el cabello y le estremeció con un súbito escalofrío. Respiró hondo y, tras guardar quizás para siempre en su cajita de recuerdos el yo-yo que le regaló Lucía el mismo día en aquel lejano concierto, pensó nuevamente en aquella chica de ojos color café que había conocido en la biblioteca de su ciudad hace tres días. Se llamaba Sara y había quedado con ella a cenar esa misma noche.

FIN


martes, 26 de febrero de 2013

Claudio y tú


 

Diez años antes de que lo hiciera Jesucristo, nació en la Galia un niño débil, enfermo y cojo. En una sociedad menos hipócrita que la actual, dichas taras le granjearon desde sus primeros años el desprecio de su familia y  marcaron su personalidad. A pesar de tener una mente privilegiada, las inseguridades que le provocó su entorno, desembocaron en problemas de dicción que le hicieron ganarse los dos primeros títulos de su vida,  “idiota” y “tartamudo”. 

Vetado para la política dedicó su vida al estudio, y probablemente fuera de las últimas personas capaces de traducir textos etruscos, antes de que el idioma se perdiera para siempre. Curiosamente, era el más preparado para ser emperador, pero a nadie le importaba. 

Fue el asesinato de Calígula (su sobrino) lo que le cambió la vida. Cuando la guardia pretoriana le descubrió escondido detrás de una cortina le aclamó emperador. Probablemente pensaron que un incapaz como él sería un títere en sus manos, pero se equivocaron, y así en el año 41 de nuestra era, Claudio el tartamudo, Claudio el idiota, se convirtió en Tiberio Claudio César Augusto Germánico, cuarto emperador de la dinastía Julio-Claudia. 

Bajo su reinado anexionó Tracia, Licia, Judea y Mauritania, y fortaleció la frontera en Germania. Pero su mayor logro fue la conquista de Britania.  

¿Quién podía pensar que Claudio el cojo, hazmerreir de todos iba a convertirse en un héroe militar? Clemente en la victoria, perdonó la vida al britano Carataco. Tal vez el sufrimiento en su vida le había regalado la humanidad, tan escasa en los poderosos. Administrador capaz y magnifico legislador, impulsó leyes que hoy podríamos llamar sociales, mejoró las condiciones de vida de los esclavos y proporcionó al Imperio una etapa de prosperidad que tardaría en volverse a repetir. 

Muchas veces pensamos que podemos hacer y deshacer a nuestro antojo si estamos frente a alguien más débil. Otras tantas veces aprovechamos que estamos ante una buena persona para actuar dejándonos llevar por nuestro egoísmo, ya que sabemos que no va a haber represalias. Pero a veces las apariencias engañan y Tiberio Claudio César Augusto Germánico es una magnífica muestra de una lección que el ser humano debe de aprender para crecer como tal y ser menos presuntuoso, característica muy intensa en algunos individuos.
Cuando dejemos de mirarnos al ombligo, comprobaremos que junto a nosotros hay un ser maravilloso y que hasta ahora no nos habíamos percatado de su valía.

jueves, 14 de febrero de 2013

¡Qué bello es vivir!


 
 
 
No hay más que encender el televisor para echar abajo el título de esta entrada…el mundo no está pasando precisamente por un buen momento. Tal vez tú tampoco estés feliz del todo o, tal vez, no lo estés en absoluto. Puede que tu vida no sea la que imaginaste cuando tu existencia empezaba a reafirmarse y tus sueños dominaban tu mente (aún optimista) y tu corazón (aún romántico). Al fin y al cabo la adolescencia y primeros años de juventud se nutre precisamente de sueños. 

Creo que Frank Capra ha conseguido reflejar magistralmente la vida de una persona soñadora mediante la película con el título de esta entrada (si no has visto esta maravillosa película no sigas leyendo... si aún tienes la esperanza de vivir una sensación mágica). Su protagonista, George Bailey, interpretado por James Stewart (inmenso), es ese soñador y optimista incorregible. Estamos ante un personaje que cree en la bondad innata del ser humano y tiene esperanzas de vivir una vida mejor. Sin embargo, ya desde la infancia, su vida es muy complicada, pudiendo decirse que, en muchas ocasiones, vive la desgracia más absoluta. Bailey renuncia a muchos de sus sueños por el bien de otras personas, pero nunca por el bien propio. Como es lógico, dicha proeza pasa factura  y el protagonista de la película va sufriendo un evidente desgaste hasta llegar al clímax de su existencia, ya totalmente desvirtuada, que es cuando decide poner fin a su vida, ya carente de todo sentido. En ese preciso instante, Bailey decide tirarse por un puente… pero alguien se le adelanta. Entonces se enfrenta ante el conflicto de cumplir su deseo (quitarse la vida) o bien salvar a ese extraño viejecito que grita socorro. Una vez más, se inclina por el bien ajeno y salva al anciano, que resulta ser una especie de ángel. A partir de ese momento, Bailey es protagonista de otra historia: la vida sin él. Y es entonces cuando empieza la lección de vida para Bailey. Se encuentra con un mundo donde él nunca ha existido y donde nadie ha recibido su ayuda ni su consuelo. Y descubre con terror que esa vida es una verdadera pesadilla, que nadie ni nada de lo que ha conocido está igual. Que toda la gente que ama es infeliz. Finalmente, y como es de esperar, Bailey suplica volver a su vida, conformándose con lo que ya tenía, que se le antoja la felicidad absoluta. De nuevo Bailey renuncia a sus deseos por la felicidad de otros, pero esta vez con fuerzas y esperanzas renovadas.
 
 

Tal vez estés pensando que no es un final feliz y que, más bien, es bastante pesimista. No solamente no puede cumplir sus sueños sino que, además, se tiene que sentir agradecido con su mediocre vida. Si lo has entendido así, creo que es una visión más que acertada. Ahora bien, ¿te has parado a pensar la huella que has dejado, dejas y dejarás en la existencia de muchas otras personas? ¿Sabes exactamente qué ha cambiado en la vida de otras personas cuando se ha cruzado con la tuya? Es en ese preciso instante, en ese cruce de caminos, cuando puedes cambiar muchas cosas, muchas vidas. Para bien o para mal.  

Cuando pienso en ello, mi mente lo relaciona con la teoría del caos, que se basa en que pequeñas variaciones en condiciones iniciales pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro. James Gleick habló del efecto mariposa, explicando que si agita hoy, con su aleteo, el aire de Pekín, una mariposa puede modificar los sistemas climáticos de Nueva York el mes que viene.

Finalizo esta entrada con una frase del viejo ángel: “extraño, ¿verdad? La vida de cada hombre toca muchas vidas, y cuando uno no está cerca deja un terrible agujero, ¿no es cierto? Ya ves George, tuviste una vida maravillosa”.

domingo, 10 de febrero de 2013

Le daré las gracias por haberlo cruzado en mi camino


La alegría es la emoción más valiosa y la más efímera. Nunca dura lo suficiente para verse harto, vive solo para ser reproducida.

El viernes, por motivos laborales, a primera hora de la mañana tuve que visitar una de las zonas más esbeltas de Madrid. Ya me conocía la zona de ir otras veces pero, será por lo reflexivo que ando últimamente, mi atención se dirigió a un personaje de raza negra que desde hace años reparte periódicos en el centro comercial adjunto al aparcamiento. Durante el rato en el que permanecí allí le vi dar los buenos días a todo aquel que pasaba a su lado, gente en su mayoría que transitaba en solitario por la acera con la cabeza ligeramente inclinada hacia el suelo y absortos en sus pensamientos. No advertí a un vendedor de periódicos, es más, no los ofrecía, simplemente sonreía y daba los buenos días. No pretendo denunciar ni criticar a unos, este blog no sirve para eso. Hablo de las emociones. De todas aquellas cualidades que conforman nuestros rasgos como seres humanos. Hablo en concreto de la alegría.

Es la más valiosa porque te da fuerza para mover todo. Todo. Y es la más efímera porque nunca cansa, y lo que no cansa, siempre nos parece breve. Como un fotograma eterno suspendido en nuestras mentes.

No me sentí mejor que nadie al tener un gesto de gratitud con aquel hombre. Mi intención no era esa, para nada. Tenía alegría y era capaz de trasmitirla aunque nadie levantara su puñetera cabeza para darse cuenta. Le quise comprar un poco de su alegría.

Rectifico: es la más valiosa porque hace felices a los que están a tu alrededor. Contagia, y, no nos engañemos, es lo que mueve a este mundo.

Quiero acabar esta entrada con un extracto precioso de un libro que leí este verano y me hizo reflexionar mucho acerca de esta emoción. De lo que para mí significa y, sobretodo, del efecto que produce en los demás, en aquellas personas que queremos con todo nuestro alma.

"Mi amigo Óscar es uno de esos príncipes sin reino que corren por ahí esperando que los beses para transformarse en sapo. Lo entiende todo al revés y por eso me gusta tanto. La gente que piensa que lo entiende todo a derechas hace las cosas a izquierdas, y eso, viniendo de una zurda, lo dice todo. Me mira y se cree que no lo veo. Imagina que me evaporaré si me toca y que, si no lo hace, se va a evaporar él. Me tiene en un pedestal tan alto que no sabe cómo subirse. Piensa que mis labios son la puerta del paraíso, pero no sabe que están envenenados. Yo soy tan cobarde que, por no perderle, no se lo digo. Finjo que no le veo y que sí, que me voy a evaporar...
Mi amigo Óscar es uno de esos príncipes que harían bien manteniéndose alejados de los cuentos y de las princesas que los habitan. No sabe que es el príncipe azul quien tiene que besar a la bella durmiente para que despierte de su sueño eterno, pero eso es porque Óscar ignora que todos los cuentos son mentiras, aunque no todas las mentiras son cuentos. Los príncipes no son azules y las durmientes, aunque sean bellas, nunca despiertan de su sueño. Es el mejor amigo que nunca he tenido y, si algún día me tropiezo con Merlín, le daré las gracias por haberlo cruzado en mi camino.


domingo, 30 de diciembre de 2012

La senda del tiempo




Llevo dos meses sin escribir y se me amontonan mil ideas con las que seguir dando forma a este óleo de palabras pintado por dos amigos. A escasas horas de despedir otro año más y sin dejarme -lo intentaré- llevar por la tristeza que en mí es habitual estos últimos días de diciembre, saco mi brocha y la empapo de mi mejor color para contaros otra historia más con mi mejor sonrisa...

Esta semana cuando me intentaba dormir recordé la fotografía que reina en esta entrada. La tomé una tarde de agosto en un pueblecito de la provincia de Burgos donde veraneo cada año. Aquella tarde era especialmente calurosa, el cielo estaba salpicado por nubes solitarias y el viento prefería esperar a la noche para abrazarnos entre sábanas y sueños. Cada tarde, como era habitual en mí, me subía a mi bicicleta para pedalear y encontrarme con la soledad...y de paso también, con un par de repechos que ni el mejor novelista de terror podría imaginar. 

Cuesta contaros y más si cabe que imaginéis, lo que trasmite un lugar en el que eres consciente que la persona más cercana que hay puede estar a un par de kilómetros de ti. Para alguien como yo que odia la soledad, resulta que me encuentro en que adoro un lugar así. Lo adoro y lo echo de menos. No sabes lo que cuenta el viento hasta que no lo escuchas, no sabes que es el cielo hasta que no lo miras. En un sitio así os daríais cuenta de lo maravilloso que es oír el silencio.

Avanzaba la tarde y con ella a cada golpe de pedal el sol iba deslizándose en su espectacular tobogán rojizo. Fue entonces cuando miré a mi derecha y vi lo que aparentemente era una llanta de una bicicleta antigua. Por su aspecto parecía que llevaba allí una pila de años soportando, lluvia, nieve, viento y demás clase de castigos meteorológicos. Me bajé de la bicicleta y me senté a su lado pensando en lo implacable que es la senda del tiempo...

No lo había compartido hasta ahora con nadie pero si tuviera que elegir un momento de lo que queda del casi extinto 2012 sería éste que os he contado. Mi pueblo, mi bicicleta, mi senda y mis pensamientos. 
Digo hasta el momento porque el mejor del año será dentro de 48 horas cuando compruebe que otro año más todo sigue igual en mi casa cuando me tome las uvas. Estará mi familia a mi lado y podré disfrutar de sus caras otro año más. No hay mejor momento que ese -gracias Tesoro, te quiero-.

Por supuesto no me iba a olvidar de mi amiga Silvia en este nuestro blog. Que decirte Tesoro que no te haya dicho ya...Feliz 2013 cariño, todo sigue en su sitio que es lo importante, quédate con eso y olvida este año porque tú eres muy fuerte y más valiente todavía ¿vale?. Estoy a tu lado y te quiero con locura.

Acabo esta entrada haciendo mía una estrofa de la canción de los Celtas Cortos que da título a esta entrada,  "...paseando por las calles todo tiene igual color, siento que algo echo en falta, no sé si será el amor..."

Os deseo a todos un Feliz 2013.

jueves, 22 de noviembre de 2012

El corazón delator.




Se trata de otro maravilloso relato corto, esta vez de Edgar Allan Poe, que me cautivó y, al mismo tiempo, me hizo reflexionar. Parece increíble que en apenas cuatro páginas podamos sacar más de una “moraleja”.
 

Sin duda el protagonista parece sufrir algún tipo de trastorno mental, tal vez esquizofrenia o neurosis. Probablemente se trate de un psicópata. Si tú has leído este relato habrás llegado a la misma conclusión –o no-, pero si se araña un poco la superficie de la historia, nos encontramos con una realidad que resume el refranero popular: no la hagas y no la temas.
 

Mi moraleja: si cometes un acto que piensas que puede ser reprobable, intenta tener nervios de acero, pocos miedos y poca conciencia, pues aunque seamos cautos y tengamos gran celo a la hora de ocultar en lo más profundo de nuestro corazón dicha acción,  podremos ser descubiertos por nuestra conducta. El miedo a ser descubiertos o la conciencia que nos auto censura son los peores aliados para salir ilesos en estas circunstancias.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Año II. Un nuevo amanacer

"La amistad es aquello que recoges por el camino y guardas en tu particular baúl de madera"

    Con esta reflexión terminaba mi primera entrada justo hace un año. Tal día como hoy, hace 365 días iniciábamos mi amiga Edelweiss y yo esta aventura de escritores aficionados. Nuestro A ti, que nunca me has conocido ha visto publicar 39 entradas distribuidas en los diferentes meses de este último año. Cargadas ellas de muchas reflexiones, pocos miedos e infinitas ilusiones y, por que no decirlo: un gusto exquisito y muy cuidado. Esperemos que quién haya visitado o visita de manera ocasional o permanente este lugar le haya parecido cálido y que nuestras pequeñas grandes historias le hayan podido servir para algo que  a bien seguro a los dos se nos escapa.

     Pese a que soy yo el que hace esta entrada homenaje -confieso que me ha venido el flash de este aniversario hace unas horas- todo el mérito de la existencia de este espacio es de mi amiga Edelweiss. Fue ella quien pensó en este espacio y -gracias, gracias, gracias- quién me pidió a mí antes de su creación que lo hiciera también un poco mío compartiéndolo. 

     Así que, ¡felicidades A ti!, que éste sea el primer año de los que tengan que venir y que la gente siga disfrutando de nuestras historietas.

Ya sabes que:

Te recogí en mi camino y decidí Abrirlo 
Y, desde entonces, permaneces en mi particular baúl de madera...
Un nuevo amanecer llega, Tesoro
Y no olvides que siempre junto a ti, que siempre me has conocido

:)